21 jun 2011

La evaluación de los riesgos psicosociales en la empresa

La evaluación de los riesgos psicosociales en la empresa: "

La ingeniería de seguridad ha permitido avances decisivos y persistentes en seguridad y ha elaborado una contribución a la evaluación y desarrollo de la seguridad de incalculable valor. Sin embargo, la aproximación de ingeniería de seguridad ha reconocido explícitamente sus limitaciones para evaluar y estimar la fiabilidad y seguridad de los sistemas sociotécnicos, debido a la dificultad para tener en cuenta la complejidad del comportamiento humano, individual y socialmente considerado. (Montmayeul, et al. 1994).


El objetivo legítimo de la ingeniería de seguridad es desarrollar ambientes seguros y saludables a prueba de conducta humana. Es decir, máquinas, herramientas, vehículos, ambientes y métodos diseñados, de tal modo, que ni el error involuntario ni el incumplimiento intencionado puedan producir daños a las personas o a las cosas. Este es un objetivo legítimo que debe perseguirse, aunque realmente resulta plenamente inalcanzable por diversas razones.


En primer lugar porque no es posible diseñar ambientes 100% seguros. Determinados riesgos son omnipresentes y rara vez pueden reducirse a cero. Entre estos riesgos omnipresentes se cuentan algunos tradicionales bien conocidos como el riesgo de incendio o el riesgo de caídas al mismo nivel. Y entre estos riesgos omnipresentes se cuentan así mismo los riesgos psicosociales en su conjunto. Pueden concebirse puestos sin algunos riesgos psicosociales, pero no hay ningún puesto sin ningún riesgo psicosocial.


En segundo lugar, porque con frecuencia los mecanismos, dispositivos o procedimientos que eliminan o atenúan unos riesgos crean o acentúan otros. Aunque en muchas ocasiones esta permuta de riesgos es debida a las mejoras de cambios tecnológicos que producen riesgos de menor entidad, esto no siempre es así, con frecuencia los cambios tecnológicos que mejoran la seguridad reducen riesgos importantes y frecuentes y hacen surgir nuevos riesgos, en ocasiones mayores, aunque con menor probabilidad de materialización. Con frecuencia los cambios tecnológicos importantes alteran el espectro de riesgos psicosociales presentes, atenuando unos e incrementando sustancialmente otros. Entre otras cosas, porque raramente los cambios tecnológicos, incluso los que se introducen por razones de seguridad y salud, son evaluados desde la perspectiva de los riesgos psicosociales que alternan o inducen.


En tercer lugar, debe considerarse que necesariamente al final es el comportamiento humano el que hace un ambiente seguro o no (Hale & Glendon, 1987). Desde esta perspectiva, los aspectos psicosociales interactúan con el ambiente y tienen una palabra decisiva en materia de seguridad y salud. En palabras de Llory “Los factores humanos son el núcleo de la discusión en la medida en que son el centro del problema real, concreto, de cada día, de la seguridad en contextos de alto riesgo” (1992). Para abordar una de las mayores críticas contra el análisis de la fiabilidad humana, que fundamentalmente falla al dar cuenta de los aspectos psicológicos y sociales del factor humano (Hale & Glendon, 1987), debemos determinar en qué grado podemos establecer relaciones cuantitativas de causalidad entre aspectos situacionales del trabajo y las variables que configuran la conducta humana individual y colectiva (Llory, 1992).


La progresiva terciarización de la economía, incluso la terciarización de los puestos de trabajo dentro de la industria, la progresiva mejor cobertura de los riesgos tradicionales en seguridad e higiene, la emergencia de nuevos riesgos ligados a estos contextos, su repercusión en abundantes y notorias sentencias judiciales, y una progresivamente mayor conciencia de la administración y de los agentes sociales, han conducido a un creciente interés en los denominados riesgos psicosociales y su progresiva incorporación a los procedimientos habituales de evaluación de riesgos.


Desde el punto de vista de la legislación española existe la misma obligación por parte de las empresas de evaluar los riesgos psicosociales que, por ejemplo, los riesgos higiénicos y mecánicos tradicionales, dado que deben evaluarse todos los riesgos que no se hayan podido eliminar y que afecten a la seguridad y salud de los trabajadores. Y desde luego los riesgos psicosociales afectan clara y fuertemente a la seguridad y salud de los trabajos, de eso no hay duda, como demuestra una abundante investigación internacional y nacional, y rara vez pueden considerarse eliminados.


Hay ciertos malentendidos, incluso en el ámbito preventivo, que deben abordarse. En primer lugar, los riesgos psicosociales no son riesgos secundarios, marginales,… cuya consideración es una especie de lujo para empresas económicamente poderosas. Por el contrario, los riesgos psicosociales son muy relevantes en la siniestralidad y en las bajas de todo tipo, incluidas muchas de las catalogadas de enfermedad común, que afectan drásticamente la seguridad y la salud de los empleados y la cuenta de resultados de las empresas. Si en muchos accidentes laborales no se detectan causas como fatiga, -y sus numerosas consecuencias como errores, perdida de la atención, etc.-, comportamiento inseguro deliberado –tan absolutamente común que forma parte del modo habitual de trabajo en muchos contextos, por ejemplo uso inadecuado de EPIs, abreviar o saltarse protocolos de seguridad, etc.-, supervisión inadecuada, –por ejemplo lenidad de la supervisión ante cuestiones de seguridad-, diseño inadecuado de procedimientos de trabajo, diseño inadecuado de la comunicación, etc., es simplemente porque se realiza un análisis superficial de causas, si es que realmente se realiza alguno. Los riesgos psicosociales son esenciales en prevención porque la seguridad depende finalmente más del factor humano que del factor técnico (Meliá, 2007). En segundo lugar, mejorar los riesgos psicosociales no es algo sólo favorable para la salud y bienestar de los empleados. Todo lo contrario. Es imposible evaluar cabalmente los riesgos psicosociales sin evaluar una serie de aspectos críticos de funcionamiento de la empresa: es decir, necesariamente la evaluación de riesgos psicosociales es un instrumento de gestión empresarial.


Mejorar los riesgos psicosociales es necesariamente mejorar la gestión de la organización, lo que ha de implicar mayor eficacia y mayor eficiencia. Más seguridad y salud sí, pero con ello, necesariamente, más calidad y productividad.


Es un error concebir la gestión de la empresa desentendida, lo que a la postre significa en contra, de la seguridad y salud de los empleados. Y, del mismo modo, es un error concebir la evaluación e intervención en riesgos psicosociales como arma arrojadiza opuesta a una positiva gestión de la empresa.


Si los puestos y las organizaciones no tienen en cuenta los factores psicosociales no sólo perjudican la seguridad y salud de los empleados, también directamente la productividad y la calidad de la empresa. Si las evaluaciones de riesgos y las intervenciones consiguientes no tienen en cuenta la gestión organizacional no sólo perjudicaran la productividad y calidad, también la seguridad y salud.


La progresiva incorporación de la evaluación de los riesgos psicosociales a las prácticas preventivas de las empresas, como viene sucediendo en diversos países de nuestro entorno económico y cultural, es sin duda un elemento claramente positivo que muestra la paulatina incorporación de una visión integral de la prevención dispuesta a aprovechar el conocimiento disponible sobre “factor humano” en las organizaciones. Sin embargo, la ausencia de una tradición en este campo, la falta generalizada de formación específica en evaluación psicológica y en Psicometría de muchos profesionales de la prevención, la frecuente ausencia de formación específica en psicología de la seguridad y salud ocupacional, y en ocasiones, una cierta prisa por dar una respuesta práctica -o peor, interesada- a una necesidad, por otro lado en muchas ocasiones tangible, han llevado en más de una ocasión a procesos de evaluación poco fundados o al uso poco razonado de instrumentos y métodos con fundamentos sensatos, situaciones con las que las empresas y los trabajadores pueden encontrarse, como mínimo, poco confortables. Los profesionales de la prevención se hacen legítimamente una serie de preguntas esenciales que requieren una respuesta seria y fundamentada desde la investigación científica y el contraste profesional riguroso: ¿Pueden evaluarse de un modo razonable y asequible los riesgos psicosociales? ¿Qué factores psicosociales deben ser evaluados en cada caso? ¿En función de qué deben seleccionarse? ¿Cómo deben evaluarse o medirse esos factores? Por ejemplo, ¿es necesario hacer entrevistas? ¿Hay que administrar cuestionarios a todos los empleados de la empresa? ¿Qué significa que los instrumentos de medición han de ser fiables y válidos? ¿Qué pasa cuando la gente miente o distorsiona las respuestas? ¿Qué pasa si la gente puede conocer de antemano las preguntas y puede “preparar las respuestas”? ¿Cómo deben interpretarse las respuestas? ¿Qué garantías deben aportarse para que un proceso de evaluación de riesgos psicosociales sea aceptable y correctamente desarrollado? Y más allá de todo esto, muchos profesionales, empresas y trabajadores se preguntan todavía, ¿para qué sirve una evaluación de riesgos psicosociales? ¿En qué me va a afectar como empresa? ¿En qué nos va a afectar como trabajadores? No cabe esperar respuestas simples a todas estas preguntas; por el contrario es conveniente abrir un proceso de reflexión basado en un incremento progresivo de la formación y capacitación profesional de los técnicos de prevención que se especialicen en estas cuestiones.


Fuente- Revista PW Magazine

"

No hay comentarios:

Publicar un comentario